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18/9/09

Loveshock

Débil
pálpito
de
uno
y
medio
por
segundo,
rojo
azulado
por
no
decir
morado,
marcas
de
rojo
oscuro
de
sangre
coauglada
tapan
las
heridas
visibles
aún
sin
sanar,
atado
a
venas
y
arterias
que
casi
no
dejan
ni
respirar,
nueve
malcontados
alfileres
invisibles
pero
se
sienten
como
si
aún
estuvieran.
En
sala
de
espera
a
pecho
abierto
esperando
la
hora
para
seguir
al
quirófano.
Un
intento
más
por
revivirlo,
un
método
drástico
para
un
enfermo
en
estado
crítico
con
riesgo
a
perder
el
sentido
de
sentir.

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